S?bado, 14 octubre 2006
El Islam II

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LA VERDAD SE JUSTIFICA POR LA GUERRA

"La guerra ?seg?n explica Julio Vernet- constitu?a el ideal supremo de Mahoma, puesto que con ella iba a infligir a los incr?dulos mequ?es, por propia mano, el tormento con que reiteradamente les hab?a amenazado"[6]. Sin embargo, "sus partidarios se mostraban reacios a admitir la predicaci?n por medio de la espada" pues representaba "luchar contra hermanos". Mahoma reforz? su poder personal, haci?ndose jurar fidelidad, y el providencialismo. La desobediencia a sus mandatos lo es al propio Al?. As? en la azora II 212 se?ala "se os prescribe el combate, aunque os sea odioso"[7]. Primero sus seguidores desarrollan operaciones de estricto pillaje poniendo en riesgo el comercio de La Meca. Una operaci?n de castigo fue enfrentada por Mahoma consiguiendo la victoria de Badr, cuyo bot?n mejor? la posici?n de los musulmanes hasta entonces dependientes de la generosidad de los habitantes de Medina. "El alabado" present? el ?xito militar como una prueba del poder y la supremac?a de Al?. Tras ello pas? a eliminar disidencias atacando a los hip?critas y a los clanes jud?os. Al a?o siguiente, contra otro ej?rcito superior en n?mero, sufri? la derrota de Ohod. Desde el creciente providencialismo, la interpretaci?n se establece en una prueba de Dios, que premia a los constantes, en t?rminos de triunfo y aniquilaci?n[8]. "Estos d?as los hacemos suceder entre los hombres, a fin de que Dios sepa qui?nes creen y escoja, entre vosotros, testigos -?Dios no ama a los injustos!-, con el fin de probar a Dios a quienes creen y aniquilar a los infieles". Esta derrota dio alas a los descontentos en Medina, pero Mahoma cort? la rebeli?n ?expulsando a los jud?os- e intensific? las medidas diferenciadoras de sus seguidores estableciendo barreras de comunicaci?n con otras comunidades: prohibi? la bebida y el juego.

Como jefe pol?tico y militar demostr? una voluntad de poder y de dominio que no exist?a en sus adversarios, dispersos y divididos. Los comerciantes de La Meca se mostraron a favor de terminar con una guerra que s?lo les causaba perjuicios. Adem?s, el giro nacionalista de Mahoma les permit?a mantener su posici?n. Tuvo, sin embargo, que vencer en la batalla de Hunayn para ser el se?or de la Arabia central, pero no consigui? dominar la norte al ser derrotado en Muta. En esta etapa, cuando empez? a vislumbrar el triunfo, intensific? los elementos teocr?ticos, y estableci? la imposibilidad de pactos salvo entre iguales, o sea entre los creyentes, mientras que los miembros de las religiones del libro ?jud?os y musulmanes- pod?an ser tolerados en situaci?n de inferioridad con impuestos especiales.

En el a?o 10 tras la h?gira hizo la peregrinaci?n solemne a La Meca, present?ndose al tiempo como el profeta de una nueva religi?n para los ?rabes y "como restaurador de la religi?n de Abraham"[9]. En el a?o 11 diversas trib?s se sublevaron afirmando contar entre sus miembros a nuevos profetas. Preparando la campa?a de castigo muri? Mahoma de fiebres el 8 de junio de 632.

El lenguaje b?lico de El Cor?n es de inusitada violencia, establecida como voluntad de Al?. "Yo estoy con vosotros. ?Consolidad en sus puestos a quienes creen! Arrojar? el p?nico en el coraz?n de quienes no creen! ?Golpeadlos encima del cuello! ?Golpeadlos en la yema de los dedos!"[10]. Hay un ensa?amiento genocida: "No es propio de un Profeta tener prisioneros hasta que haya encubierto la tierra con los cad?veres de los incr?dulos" [11]. Hay con frecuencia una exaltaci?n de la venganza y escasos sentimientos humanitarios como cuando exclama "?Dios los mate!" con referencia expl?cita a los jud?os y los cristianos[12]. "?Profeta! ?Combate a los infieles y a los hip?critas! ?S? duro con ellos"[13]. Todo en una ambientaci?n de subido tono providencialista: "si ces?is en la lucha, ser? mejor para vosotros; si la reanudamos, la reanudaremos; no os servir? de nada vuestro n?mero aunque sea grande: Dios est? con los creyentes" [14].


EL EXTERMINIO O LA CONVERSI?N UNIVERSALES

El Antiguo Testamento est? lleno tambi?n de batallas y de intervenciones b?licas providencialistas con exterminio como contra los moabitas. Hay una diferencia en esa violencia divinal ?execrable en cualquiera de los casos-, pues en el caso hebreo est? relacionada con la tierra, con una promesa, restringida a un territorio, y como preservaci?n del pueblo elegido, pero en el caso de Mahoma est? relacionada con la fe. Apenas si contempla otra forma de conversi?n que a trav?s de la imposici?n violenta y se trata de un designio universal: "?Combatid a quienes no creen en Dios ni en el ?ltimo D?a ni prohiben lo que Dios y su enviado prohiben, a quienes no practican la religi?n de la verdad entre aquellos a quienes fue dado el Libro! Combatidlos hasta que paguen la capitaci?n personalmente y ellos est?n humillados"[15]. "No hay ciudad a la que nosotros no aniquilemos o atormentemos con terrible tormento antes del d?a de la Resurrecci?n. Eso est? en el Libro, escrito" [16]. La santificaci?n de la guerra, en el sentido com?nmente entendido, es un estado permanente.

?Sobre qu? sustenta Mahoma la autoridad de su posici?n religiosa? Sobre la violencia. La suya es una teolog?a de la guerra: es ?sta la que justifica en s? el mensaje y es, a la vez, lo fundamental de ?l. Al? es grande y Mahoma su profeta, porque dan la victoria final sobre los incr?dulos. Al contrario que los profetas anteriores, en cuya estela se sit?a como culminador, Mahoma no hizo milagros. De alguna manera asume los de sus predecesores, pero en su caso las pruebas de la fe son la espada y el libro.


AUTORITARISMO EXTREMO

Por supuesto el argumento fundamental es que se trata de una verdad revelada. El principio de la existencia de una revelaci?n se acompa?a con frecuencia del criterio de que esa verdad es manifiesta, de manera que la ausencia de reconocimiento ?la falta de fe, la incredulidad- constituye un pecado, una perversi?n, un yerro moral que con frecuencia es consecuencia de una depravaci?n de la conducta. A esa cuesti?n apunta la diferencia establecida por San Pablo entre el hombre viejo y el hombre nuevo, o la aseveraci?n de que el hombre carnal no puede conocer las verdades divinas. La consideraci?n de la incredulidad como una especie de ataque al contenido de la fe es habitual en las religiones, pues se considera que pone en cuesti?n el car?cter manifiesto, obvio, de la verdad en s?. Este argumento ha llevado con frecuencia a f?rmulas autoritarias por las que se trata de someter al incr?dulo o de eliminarlo, considerando que la unidad en la creencia confirma su veracidad. Ese fue uno de los resortes con los que funcion? durante siglos la Inquisici?n de la Iglesia cat?lica o en nombre del que se llevaron a cabo las guerras de religi?n europeas en los siglos XVI y XVII. Tambi?n ha sido el principio de persecuci?n de los disidentes en los pa?ses comunistas, considerando, por ejemplo, que quienes rechazaban el marxismo eran dementes, pues su verdad era manifiesta, una forma de revelaci?n secular, y a?n de mayor fuerza que las de las religiones, pues se trataba de una verdad cient?fica.

Sin embargo, a t?tulo de ejemplo, la apolog?tica cristiana establece tres pruebas en su favor, a modo de principios de contrastaci?n: milagros, profec?as y belleza moral del mensaje. Los milagros, como suspensiones moment?neas de las leyes de la naturaleza, manifiestan el poder divino y respaldan la revelaci?n. Son observados por testigos. En el mismo sentido funciona el cumplimiento de profec?as, de augurios establecidos sobre sucesos futuros. Estas pruebas, incluida la belleza moral del mensaje, buscan una armonizaci?n entre fe y raz?n. No resultan concluyentes para quien no tiene fe, pero implican, en su misma enumeraci?n, un respeto a la autonom?a de la racionalidad, un principio de tolerancia. Por supuesto, esa tolerancia se ha roto con frecuencia a lo largo de los siglos, pero el cristianismo, por muy diversas, curiosas y extravagantes que sean las costumbres de sus diversas corrientes y sectas, ha demostrado ser compatible con la tolerancia.


TEOCRACIA ABSOLUTA, SIN DIFERENCIA ENTRE FE Y RAZ?N

Esa diferencia entre fe y raz?n no existe en el texto can?nico isl?mico. Aunque El Cor?n abunda en dicotom?as excluyentes, sin zonas intermedias de neutralidad, casi todas ellas se basan precisamente en el hecho de que la ?nica raz?n posible es la fe. De forma po?tica y algo el?ptica el arabista franc?s Louis Massignon dec?a que al juda?smo le caracteriza la esperanza, al cristianismo la caridad y al islamismo la fe. La fe lo es todo. Entendida como obediencia. De hecho, no hay humanidad fuera de la fe. El no musulm?n no pertenece a la especie humana. "La idolatr?a es peor que el homicidio"[17]. "Matadlos hasta que la idolatr?a no exista y est? en su lugar la religi?n de Dios"[18]. La apolog?tica de Mahoma se basa en la violencia y en la belleza del Cor?n. Es una religi?n cuya coherencia es un autoritarismo circular, no deja resquicio para la tolerancia. Ibn Warraq describe bien este blindaje hacia la cr?tica que fundamente el totalitarismo isl?mico: "La verdad ha sido revelada de una vez por todas, imposible discutirla, relativizarla o incluso reflexionar sobre ella. El Cor?n se pretende eterno. Cada uno debe obedecer con cuerpo y alma, pues por el contrario las sanciones ser?n terribles. En estas condiciones, intentad exponer la menor iron?a, el menor esp?ritu cr?tico, la menor puesta en duda de orden hist?rico o filol?gico..."[19].

Mahoma y el Cor?n rechazan cualquier contrastaci?n. Por de pronto rechazan, contra la evidencia, cualquier historicidad. El libro santo del Islam no es obra de Mahoma, sino recopilaci?n posterior. Est? formado por ciento catorce azoras o cap?tulos, dividido en aleyas rimadas o vers?culos. Los cap?tulos est?n ordenados de mayor a menor n?mero de aleyas, sin orden cronol?gico. En vida de Mahoma los comentarios de sus revelaciones eran aprendidos de memoria por sus seguidores. Con el tiempo, la muerte de estos recitadores hizo ver la conveniencia de poner por escrito esos pensamientos. Esa labor fue encargada por el siguiente califa, Abu Bakr a Zayd b. Tabit. Se trata, pues de una recopilaci?n. En ese sentido resulta acumulativa. Incluso resulta piadoso el comentario de que "hay en el libro mucha palabra superflua, as? como innumerables reiteraciones"[20]. La historia de Mois?s est? contada m?s de cincuenta veces, sin variaciones resaltables. La de No?, veinticinco. Y eso sucede con numerosos sucesos del antiguo y del nuevo testamento. La eliminaci?n de las reiteraciones reducir?a de manera sensible el Cor?n. La regulaci?n de la vida de los musulmanes es incoada, pero sobre todo se encuentra en los hadiz o dichos, por los que mediante la f?rmula alguien dijo que hab?a escuchado al Profeta se concreta un contenido que en el Cor?n es vago. De hecho, la sharia, el c?digo penal isl?mico, principal reivindicaci?n integrista, vigente en numerosos pa?ses, no se encuentra en el Cor?n sino en tales comentarios recopilados por generaciones posteriores.


LA TOLERANCIA, EL PEOR PECADO

La tradici?n musulmana con base en el propio Cor?n ha deificado el libro situ?ndolo como la copia del que se encuentra en el para?so. Es decir, mientras juda?smo y cristianismo consideran sus libros inspirados, a trav?s de autores humanos, causas segundas, la autor?a del Cor?n se establece directamente divina. Con estos precedentes, es de todo punto l?gico que el texto cor?nico resulte obsesivo respecto a la incredulidad. Como si se sintiera amenazado sobre bases d?biles, toda disidencia pone en riesgo a la verdad manifiesta y al edificio de los creyentes. Ese sentido de la verdad manifiesta, s?lo negable por una depravaci?n moral, est? llevada hasta el extremo: "Las peores bestias, ante Dios, son los infieles"[21]. Negada la racionalidad de los discrepantes, la verdad resulta incuestionable. Conviene precisar que, seg?n ese esquema, los preceptos morales isl?micos quedan reducidos a los l?mites de los creyentes. Por ejemplo, por supuesto la vida es sagrada, como en las otras religiones monote?stas. As?: "no matar?is a una persona si no es como justicia. Dios os lo ha prohibido"[22], pero bien entendido que s?lo es persona el creyente y s?lo hay vida en la fe.

El Cor?n muestra una constante obsesi?n de Mahoma por no ser cre?do, e incluso un intenso resquemor por ser ridiculizado. En estos puntos es muy expl?cito. Son frecuentes las referencias a quienes le acusan de hacerse eco "de leyendas de los antiguos" o de "haber recibido la revelaci?n de un mortal". Esa obsesi?n va pareja al odio contra los incr?dulos y un insano deseo de venganza. Las referencias ofrecen, de esa forma, verosimilitud al mensaje de cara a los creyentes, pues resultan la explicitaci?n de una conjura o de una mentalidad conspirativa. Esto es frecuente en la idea de la verdad manifiesta, pues la increencia es el fruto de una maldad cong?nita. Quienes no creen no son, en ning?n caso, neutrales, sino que se oponen a la fe y conspiran contra ella. La justificaci?n de la fe en Mahoma es la guerra, la eliminaci?n del infiel o el imp?o, pues s?lo de esa forma puede ponerse fin a tal conspiraci?n. Si todos creen, la verdad es, en sentido pleno, manifiesta. La ausencia de todo disidente es, de hecho, la parus?a isl?mica, cumplida por el Madihd, personaje que vendr? al final de los tiempos, y que algunos musulmanes especulan con que ser? Jes?s, conjuntando de esa forma la profec?a evang?lica del segundo advenimiento.

Conviene precisar que tal grado de autoritarismo se compagina con una teolog?a sencilla de cuerpo doctrinal escaso. La unicidad de Dios es pr?cticamente el ?nico dogma. Es una reafirmaci?n del monote?smo hebraico. No hay novedad, ni creatividad religiosa, tampoco en las postrimer?as, bien expl?citas en el cristianismo, salvo en la descripci?n de un para?so sensual, con jardines recorridos por r?os subterr?neos, donde son l?citos algunos placeres prohibidos en la tierra, como licores que no embriagan, y donde hay mujeres de ojos rasgados, v?rgenes, no tocadas por hombres ni demonio. En el Cor?n en s? no queda claro si las mujeres se salvan, pues las hur?es parecen fruto de una creaci?n ulterior no bien explicada.

Aunque los polite?stas son blanco de las iras, y si bien el Cor?n ni contempla ni se plantea la increencia agn?stica o el ate?smo, el pecado mayor es la apostas?a. L?gico desde el autoritarismo extremo de la verdad manifiesta en el que se sit?a Mahoma. No tanto, como suelen decir algunos de sus seguidores, porque rompa la fortaleza interna (la solidaridad se dir?a ahora) de la umma, sino porque rechaza la verdad. ?sta es tan manifiesta que despu?s de haberse sostenido el da?o producido por la negaci?n s?lo puede resolverse con la muerte. Aunque para cualquiera de los imp?os (la impiedad es sin?nimo de incredulidad) las penas del infierno ser?n dolorosas, la apostas?a ha de ser perseguida con preferencia mediante el ajusticiamiento o asesinato del ap?stata. Algunos escritores e intelectuales de naciones musulmanas conocen bien los efectos pr?cticos de este designio en nuestros d?as. Ese fue el sentido de la fatwa contra Salman Rhusdie o la persecuci?n de la escritora pakistan? Taslima Nasrin. Como resalta Ibn Warraq, "el problema de la ley divina es que excluye toda aproximaci?n serena y racional. Donde la sharia encuentra su aplicaci?n, sea donde sea, dos grupos son sistem?ticamente las v?ctimas: las mujeres y los no musulmanes. Estos ?ltimos son considerados como inferiores y los ap?statas merecedores de la muerte"[23].

La idea de tolerancia es por completo extra?a al Cor?n. Es, de hecho, su negaci?n. Un pecado. "No hay tolerancia isl?mica: cuando el Islam ha crecido lo ha hecho a trav?s de la espada, destruyendo la cristiandad en Oriente o la cultura persa secular, no dejando del pasado otra cosa que ruinas". Ese es el sentido de la destrucci?n de los Budas de Bamiyan por la tiran?a talib?n. ?No hay tolerancia, como se repite en abundancia, hacia las religiones del Libro, hacia jud?os y cristianos? No, salvo que se entienda por tal la obligaci?n de llevar vestimentas distintas, de pagar impuestos especiales y de no poder tener bajo su mando a musulmanes. Esas medidas tratan de resaltar la superioridad del creyente y forzar la conversi?n, pero en cualquier caso est?n justificadas porque la verdad es manifiesta, y por ende los infieles han de ser infelices y tener un status inferior.

Mahoma trata m?s de vencer que de convencer. La suya es una teolog?a de la guerra. Pues la verdad es manifiesta, debe imponerse. Pues la verdad es manifiesta, la existencia de una sola persona que la niegue representa la negaci?n absoluta de su contenido. La eliminaci?n de los infieles por los creyentes est? presente de continuo en el Cor?n. La venganza es una virtud, de la que participa Dios: "Han considerado falsa la verdad cuando ?sta les ha venido; les vendr?n noticias de lo que se han burlado. ?No han visto a cu?ntas generaciones hemos aniquilado antes que a ellos?"[24]. La tolerancia contradice el principio musulm?n y su finalidad.

La argumentaci?n, en ese sentido, es circular, cerrada. El Cor?n no acepta la cr?tica, porque niega la posibilidad de yerro, incluso cuando cae en contradicci?n. Contradicciones pr?cticas como el cambio de la alquibla cuando de la orientaci?n hacia Jerusal?n se pas? a La Meca. La explicaci?n es meramente voluntarista y se remite a Dios: "Dir?n los insensatos: ?Qu? les hizo girarse respecto de su alquibla, aquella que ten?an? Responde: Oriente y Occidente pertenecen a Dios; ?l gu?a a quien quiere hacia el buen camino (...) Fue grande la perplejidad excepto para aquellos a quienes Dios gu?a, pues ?l no os har?a perder vuestra fe"[25]. Las contradicciones entre las propias aleyas del Cor?n es resuelta mediante la ley del abrogante y el abrogado, de forma que la ?ltima aleya tiene validez sobre la anterior. Hay una contradicci?n esencial. En principio Mahoma predica una religi?n nacional para un pueblo elegido, los ?rabes. Como se?ala V.S. Naipaul, premio nobel de Literatura 2001, "en sus or?genes, el islam es una religi?n ?rabe. Cualquiera no ?rabe que sea musulm?n es un converso. El islam no es simplemente una cuesti?n de conciencia o de creencias, pues tiene exigencias imperiales. Cambia la visi?n del mundo del converso. Sus lugares sagrados est?n en tierras ?rabes; su lengua sagrada es el ?rabe. La idea sobre la historia cambia tambi?n para el converso. Rechaza la suya, y le guste o no, pasa a formar parte de la historia ?rabe. Las sociedades experimentan un enorme trastorno, que puede seguir sin resolverse incluso al cabo de mil a?os; la separaci?n tiene que renovarse una y otra vez. Las personas construyen fantas?as sobre qui?nes y qu? son, y en el islam de los pa?ses conversos existe un elemento de neurosis y nihilismo. Estos pa?ses pueden entrar en ebullici?n f?cilmente"[26]. Y, sin embargo, esta esencia ?rabe se hace compatible con el principio universalista de los hanif, los hijos de Abraham, por el que todos los seres humanos nacen musulmanes, pero son luego educados como infieles. Esto, en el fondo, implica un principio larvado de apostas?a y justifica el designio de dominio completo.
Publicado por Lanzas @ 11:50
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