S?bado, 14 octubre 2006
EL ISLAM III:

LA GUERRA ES SANTA

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La jihad no es contemplada como un esfuerzo o en el sentido de la ascesis cristiana de perfeccionamiento interior, sino en el b?lico, tal como se entiende com?nmente. La financiaci?n de la guerra est? bendecida. La muerte en ella es premiada con el acceso al para?so. Hay, sin embargo, apuntes en la direcci?n de contemplar, al menos como posibilidad, una coexistencia pac?fica, entre comunidades, no dentro de la musulmana, que situar?a la jihad en t?rminos de respuesta a agresi?n externa, caso en el que concurrir a la guerra santa es una obligaci?n para todos los varones. La idea de concordia se encuentra en la azora 60: "Es posible que Dios establezca la concordia entre vosotros y quienes son vuestros enemigos. Dios es poderoso, Dios es indulgente, misericordioso. Dios no os ha prohibido el ser buenos y equitativos con quienes no os han combatido ni os han expulsado de vuestras casas por causa de la religi?n. Dios ama a los equitativos. Dios s?lo os ha prohibido, respecto de quienes os combatieron en la religi?n, os expulsaron de vuestras casas y cooperaron en vuestra expulsi?n, que los tom?is por amigos. Quienes los tomen por tales, ?stos son los injustos". En algunos momentos se anima a la predicaci?n ?"Llama a la senda de tu Se?or con la sabidur?a y la bella exhortaci?n. Disc?telos con aquello que es m?s hermoso"-, pero siempre desde la preeminencia del Islam y sin descartar nunca la guerra y la violencia como el camino de ganar adeptos: "Cuando llegue el auxilio de Dios y la victoria y veas entrar a las gentes, a bandadas, en la religi?n de Dios, entona el loor de tu Se?or y p?dele perd?n. ?l es remisorio"[27].

La negaci?n de toda discrepancia sit?a al islamismo originario, desde su texto can?nico, en un fanatismo estricto. Entonces, ?en d?nde sostener ese mito de la tolerancia isl?mica? Hay de nuevo que referirse al choque de tiempos. El estatuto de dinim, el impuesto de capitaci?n de jud?os y cristianos, pod?a ser comprensible, y a?n avanzado, en los siglos primeros de la Edad Media. En la Espa?a cristiana los jud?os ven?an obligados a pagar un impuesto por persona y en algunos lugares uno recordatorio de las treinta monedas cobradas por Judas a cambio de su traici?n. Pero no puede hablarse en t?rminos de tolerancia, tal y como la concebimos desde la Ilustraci?n hasta nuestros d?as. Como recuerda el historiador C?sar Vidal[28], la principal fuente de ingresos de los Omeyas de C?rdoba, tenidos por el sumum de la tolerancia, era la trata de esclavos. En las conquistas nunca se respetaron, como hemos visto recordar a Naipaul, las culturas anteriores. Por el contrario, Amin Maalouf recuerda la impresi?n de fan?ticos que dejaron los cruzados. Por ejemplo, en la toma de Jerusal?n en la primera cruzada rese?a la escena narrada por comentaristas musulmanes: "es cierto que los caballeros de Occidente son famosos por su bravura, pero su comportamiento ante los muros de Jerusal?n es algo desconcertante a ojos de un militar avezado. Iftijar espera verlos construir, nada m?s llegar, torres m?viles y diversos instrumentos de asedio, y cavar trincheras para precaverse de las salidas de la guarnici?n. Sin embargo, lejos de dedicarse a estos preparativos, han empezado por organizar en torno a los muros una procesi?n encabezada por sacerdotes que rezan y cantan a voz en grito, antes de lanzarse como posesos al asalto de las murallas sin disponer de la menor escala. Por m?s que al-Afdal le ha explicado que estos frany quer?an apoderarse de la ciudad por razones religiosas, un fanatismo tan ciego lo sorprende"[29].

Desde entonces, sin embargo, han cambiado poco las cosas en el Islam. Como apunta el fil?sofo Javier Hern?ndez Pacheco, no hay en el islamismo un proceso similar a la Ilustraci?n: "Hay en el Islam m?ltiples valores religiosos y humanos que se podr?an incorporar a una comprensi?n compartida del mundo tan pronto el oriente isl?mico realice hist?ricamente la depuraci?n humanista de su ideal religioso. Eso fue para Occidente la Ilustraci?n, desde la que el atentado terrorista es un horror incomprensible, mientras que es pura l?gica para una comprensi?n religiosa que tiene esa Ilustraci?n todav?a pendiente"[30]. La cuesti?n no es transferir la voluntad de cambio, sino interrogarse y buscar explicaciones para el inmovilismo. La proscripci?n de todo debate, la exigencia de "sumisi?n" no favorece, podr?a decirse que imposibilita, la evoluci?n en el mensaje, anquilosado en el tiempo. El Cor?n no es un libro para meditar, sino para recitar. No se reflexiona sobre ?l, se memoriza. Hay por supuesto escuelas y tendencias diversas, como los sunn?es y los ch?ies. O la extinguida tendencia jarach?, que s?lo concede validez al Cor?n, neg?ndoselas a los hadiz. Los suf?es, llamados as? por las gruesas chaquetas de lana que vest?an, desarrollaron una tendencia m?stica y espiritual, a la b?squeda de un trato personal con Dios, en una religi?n en que la unicidad de Al? tiende a situarlo como una abstracci?n. La tendencia suf? ha sido pr?cticamente sofocada. Es hoy en d?a cuesti?n literaria occidental, m?s que realidad musulmana. Averroes, el racionalista aristot?lico, de tanta influencia en el cristianismo medieval, cuyos Comentarios dominaron por siglos la Sorbona y fundamentaron la escol?stica, es considerado un simple hereje.

El Cor?n tiene un contenido consuetudinario, relacionado con el contexto de la ?poca. La esclavitud o la poligamia podr?an ser interpretadas como meros criterios de tolerancia a instituciones preexistentes, pero tal criterio, sostenido por algunos autores musulmanes, no se tiene en cuenta, porque el texto cor?nico pretende ser asumido por completo sin evoluci?n posible. Las interpretaciones aleg?ricas o anal?gicas, tan fundamentales en la teolog?a cristiana, son consideradas her?ticas, y han sido condenadas por sistema por la universidad de Al Azhar. La falta de una autoridad central ha tenido, en ese sentido, un efecto perverso pues cualquier grupo o ulema se ha sentido con capacidad en las ?ltimas d?cadas para emitir fatwas con declaraciones de kafir o imp?o, reclamaci?n directa al asesinato. Fue el caso del intelectual egipcio Farag Foda por oponerse a la imposici?n de la sharia[31], o de Nasr Abu Zeid, profesor universitario que se vio obligado a refugiarse en Europa cuando fue "divorciado" por un tribunal, pues un "ap?stata" no pod?a seguir casado con una musulmana. O del premio Nobel de Literatura, Naguib Mahfuz, apu?alado, tras numerosas amenazas, por considerar sus novelas indecentes.

El fundamentalismo est? seriamente instalado en el Cor?n. La insistencia en la verdad manifiesta y la justificaci?n de la violencia abren un riesgo permanente de intensificar el rigorismo de la ortodoxia y emprender el camino de las armas, o a trav?s del terrorismo o de la guerra. La idea integrista de que "el Islam es un sistema completo y total" no se compadece mal con el texto cor?nico en el que no existe diferenciaci?n ninguna entre pol?tica y religi?n.

La concepci?n de la verdad manifiesta no s?lo legitima el autoritarismo, lo precisa. Esa verdad ha de imponerse por el poder pol?tico, sin resquicios para la autonom?a personal, ni espacio para la discusi?n, mediante la adhesi?n a la ortodoxia. De esa manera, una de las materias tradicionalmente prohibidas en el mundo isl?mico es el derecho pol?tico. Ya hemos visto como la escisi?n ch?i se produjo por una discusi?n sobre la esencia del poder isl?mico, por considerar necesario la continuidad carism?tica de los herederos del Profeta. La concepci?n del poder islamista es teocr?tica. Pero si los ch?ies resolvieron su derrota y contradicci?n mediante la curiosa forma mesi?nica de que Al? y a?n m?s su hijo Husein, se "ocultaron" en vez de morir, y reaparecer?n en otro momento de la historia, el islamismo en su conjunto vive en una contradicci?n m?s profunda, intensificada desde la desaparici?n del califato otomano en 1924, ?ltimo vestigio de poder central. La idea de Hutginton de un Estado central capaz de aglutinar a la "civilizaci?n isl?mica" no es musulmana, pues el poder ha de ser personalizado, como lo fue la relaci?n de Mahoma, jefe pol?tico y religioso, con Al?. Ese vac?o enervante alimenta las fantas?as de los islamistas. Tahar ben Jelloun, escritor marroqu?, ganador del Premio Goncourt, en relaci?n con la situaci?n actual, afirma: "es verdad que los ?rabes, que los musulmanes est?n a la b?squeda de un l?der"[32]. La recreaci?n en el integrismo de la umma como proyecto pol?tico comunitarista no ha resuelto, en ning?n caso, el problema ni la contradicci?n. Ha producido dictaduras como la sudanesa. Pero el misticismo islamista, pol?tico-religioso, alimenta las expectativas del surgimiento de un califa, un l?der carism?tico, se?or de la guerra, tras cuyo imaginario no es dif?cil percibir el sue?o iluminado de Osama ben Laden.




[1] Citado por Jos? Morales, El Islam, Ediciones Rialp, pp.22-23

[2] Juan Vernet, introducci?n a El Cor?n, Plaza y Jan?s, p. 11.

[3] Jos? Morales, El Islam, p. 24.

[4] Juan Vernet, p. 11.

[5] Juan Vernet, p. 12.

[6] Julio Vernet, op. cit. p. 17.

[7] El Cor?n, azora 2, 18

[8] Azora 3, 134-135

[9] Julio Vernet, p. 23

[10] Azora 8, 12

[11] Azora 8, 68

[12] Azora 9, 30

[13] Azora 8, 74

[14] Azora 8, 19

[15] Azora 9, 29

[16] Azora 16, 60

[17] Azora 2, 187

[18] Azora 2, 189

[19] Ibn Warraq, autor de Pourquoi je ne suis pas musulman, Editorial L?Age d?homme. Entrevista en Le Figaro Magazine, 6 de octubre de 2001.

[20] Jos? Morales, op. cit. p. 139

[21] Azora 8, 57

[22] Azora 6, 152

[23] Entrevista en Le Figaro Magazine, 6 de octubre de 2001

[24] Azora 6, 4-6

[25] Azora 2, 136-138

[26] V. S. Naipaul, Exigencias imperiales del islam, en ABC, 12-10-2001

[27] Azora 110, 1-2

[28] En Libertaddigital, 2 de octubre de 2001

[29] Amin Maalouf, Las cruzadas vistas por los ?rabes, Alianza Editorial, pp. 80-81

[30] Javier Hern?ndez Pacheco, En ?poca, n? 865, 14 de septiembre de 2001

[31] Gilles Kepel, La Jihad, Ediciones Pen?nsula, p. 453

[32] Entrevista en El Mundo, 14 de octubre de 2001
Publicado por Lanzas @ 11:54
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