S?bado, 14 octubre 2006
EL ISLAM III:

LA GUERRA ES SANTA

Imagen


La jihad no es contemplada como un esfuerzo o en el sentido de la ascesis cristiana de perfeccionamiento interior, sino en el b?lico, tal como se entiende com?nmente. La financiaci?n de la guerra est? bendecida. La muerte en ella es premiada con el acceso al para?so. Hay, sin embargo, apuntes en la direcci?n de contemplar, al menos como posibilidad, una coexistencia pac?fica, entre comunidades, no dentro de la musulmana, que situar?a la jihad en t?rminos de respuesta a agresi?n externa, caso en el que concurrir a la guerra santa es una obligaci?n para todos los varones. La idea de concordia se encuentra en la azora 60: "Es posible que Dios establezca la concordia entre vosotros y quienes son vuestros enemigos. Dios es poderoso, Dios es indulgente, misericordioso. Dios no os ha prohibido el ser buenos y equitativos con quienes no os han combatido ni os han expulsado de vuestras casas por causa de la religi?n. Dios ama a los equitativos. Dios s?lo os ha prohibido, respecto de quienes os combatieron en la religi?n, os expulsaron de vuestras casas y cooperaron en vuestra expulsi?n, que los tom?is por amigos. Quienes los tomen por tales, ?stos son los injustos". En algunos momentos se anima a la predicaci?n ?"Llama a la senda de tu Se?or con la sabidur?a y la bella exhortaci?n. Disc?telos con aquello que es m?s hermoso"-, pero siempre desde la preeminencia del Islam y sin descartar nunca la guerra y la violencia como el camino de ganar adeptos: "Cuando llegue el auxilio de Dios y la victoria y veas entrar a las gentes, a bandadas, en la religi?n de Dios, entona el loor de tu Se?or y p?dele perd?n. ?l es remisorio"[27].

La negaci?n de toda discrepancia sit?a al islamismo originario, desde su texto can?nico, en un fanatismo estricto. Entonces, ?en d?nde sostener ese mito de la tolerancia isl?mica? Hay de nuevo que referirse al choque de tiempos. El estatuto de dinim, el impuesto de capitaci?n de jud?os y cristianos, pod?a ser comprensible, y a?n avanzado, en los siglos primeros de la Edad Media. En la Espa?a cristiana los jud?os ven?an obligados a pagar un impuesto por persona y en algunos lugares uno recordatorio de las treinta monedas cobradas por Judas a cambio de su traici?n. Pero no puede hablarse en t?rminos de tolerancia, tal y como la concebimos desde la Ilustraci?n hasta nuestros d?as. Como recuerda el historiador C?sar Vidal[28], la principal fuente de ingresos de los Omeyas de C?rdoba, tenidos por el sumum de la tolerancia, era la trata de esclavos. En las conquistas nunca se respetaron, como hemos visto recordar a Naipaul, las culturas anteriores. Por el contrario, Amin Maalouf recuerda la impresi?n de fan?ticos que dejaron los cruzados. Por ejemplo, en la toma de Jerusal?n en la primera cruzada rese?a la escena narrada por comentaristas musulmanes: "es cierto que los caballeros de Occidente son famosos por su bravura, pero su comportamiento ante los muros de Jerusal?n es algo desconcertante a ojos de un militar avezado. Iftijar espera verlos construir, nada m?s llegar, torres m?viles y diversos instrumentos de asedio, y cavar trincheras para precaverse de las salidas de la guarnici?n. Sin embargo, lejos de dedicarse a estos preparativos, han empezado por organizar en torno a los muros una procesi?n encabezada por sacerdotes que rezan y cantan a voz en grito, antes de lanzarse como posesos al asalto de las murallas sin disponer de la menor escala. Por m?s que al-Afdal le ha explicado que estos frany quer?an apoderarse de la ciudad por razones religiosas, un fanatismo tan ciego lo sorprende"[29].

Desde entonces, sin embargo, han cambiado poco las cosas en el Islam. Como apunta el fil?sofo Javier Hern?ndez Pacheco, no hay en el islamismo un proceso similar a la Ilustraci?n: "Hay en el Islam m?ltiples valores religiosos y humanos que se podr?an incorporar a una comprensi?n compartida del mundo tan pronto el oriente isl?mico realice hist?ricamente la depuraci?n humanista de su ideal religioso. Eso fue para Occidente la Ilustraci?n, desde la que el atentado terrorista es un horror incomprensible, mientras que es pura l?gica para una comprensi?n religiosa que tiene esa Ilustraci?n todav?a pendiente"[30]. La cuesti?n no es transferir la voluntad de cambio, sino interrogarse y buscar explicaciones para el inmovilismo. La proscripci?n de todo debate, la exigencia de "sumisi?n" no favorece, podr?a decirse que imposibilita, la evoluci?n en el mensaje, anquilosado en el tiempo. El Cor?n no es un libro para meditar, sino para recitar. No se reflexiona sobre ?l, se memoriza. Hay por supuesto escuelas y tendencias diversas, como los sunn?es y los ch?ies. O la extinguida tendencia jarach?, que s?lo concede validez al Cor?n, neg?ndoselas a los hadiz. Los suf?es, llamados as? por las gruesas chaquetas de lana que vest?an, desarrollaron una tendencia m?stica y espiritual, a la b?squeda de un trato personal con Dios, en una religi?n en que la unicidad de Al? tiende a situarlo como una abstracci?n. La tendencia suf? ha sido pr?cticamente sofocada. Es hoy en d?a cuesti?n literaria occidental, m?s que realidad musulmana. Averroes, el racionalista aristot?lico, de tanta influencia en el cristianismo medieval, cuyos Comentarios dominaron por siglos la Sorbona y fundamentaron la escol?stica, es considerado un simple hereje.

El Cor?n tiene un contenido consuetudinario, relacionado con el contexto de la ?poca. La esclavitud o la poligamia podr?an ser interpretadas como meros criterios de tolerancia a instituciones preexistentes, pero tal criterio, sostenido por algunos autores musulmanes, no se tiene en cuenta, porque el texto cor?nico pretende ser asumido por completo sin evoluci?n posible. Las interpretaciones aleg?ricas o anal?gicas, tan fundamentales en la teolog?a cristiana, son consideradas her?ticas, y han sido condenadas por sistema por la universidad de Al Azhar. La falta de una autoridad central ha tenido, en ese sentido, un efecto perverso pues cualquier grupo o ulema se ha sentido con capacidad en las ?ltimas d?cadas para emitir fatwas con declaraciones de kafir o imp?o, reclamaci?n directa al asesinato. Fue el caso del intelectual egipcio Farag Foda por oponerse a la imposici?n de la sharia[31], o de Nasr Abu Zeid, profesor universitario que se vio obligado a refugiarse en Europa cuando fue "divorciado" por un tribunal, pues un "ap?stata" no pod?a seguir casado con una musulmana. O del premio Nobel de Literatura, Naguib Mahfuz, apu?alado, tras numerosas amenazas, por considerar sus novelas indecentes.

El fundamentalismo est? seriamente instalado en el Cor?n. La insistencia en la verdad manifiesta y la justificaci?n de la violencia abren un riesgo permanente de intensificar el rigorismo de la ortodoxia y emprender el camino de las armas, o a trav?s del terrorismo o de la guerra. La idea integrista de que "el Islam es un sistema completo y total" no se compadece mal con el texto cor?nico en el que no existe diferenciaci?n ninguna entre pol?tica y religi?n.

La concepci?n de la verdad manifiesta no s?lo legitima el autoritarismo, lo precisa. Esa verdad ha de imponerse por el poder pol?tico, sin resquicios para la autonom?a personal, ni espacio para la discusi?n, mediante la adhesi?n a la ortodoxia. De esa manera, una de las materias tradicionalmente prohibidas en el mundo isl?mico es el derecho pol?tico. Ya hemos visto como la escisi?n ch?i se produjo por una discusi?n sobre la esencia del poder isl?mico, por considerar necesario la continuidad carism?tica de los herederos del Profeta. La concepci?n del poder islamista es teocr?tica. Pero si los ch?ies resolvieron su derrota y contradicci?n mediante la curiosa forma mesi?nica de que Al? y a?n m?s su hijo Husein, se "ocultaron" en vez de morir, y reaparecer?n en otro momento de la historia, el islamismo en su conjunto vive en una contradicci?n m?s profunda, intensificada desde la desaparici?n del califato otomano en 1924, ?ltimo vestigio de poder central. La idea de Hutginton de un Estado central capaz de aglutinar a la "civilizaci?n isl?mica" no es musulmana, pues el poder ha de ser personalizado, como lo fue la relaci?n de Mahoma, jefe pol?tico y religioso, con Al?. Ese vac?o enervante alimenta las fantas?as de los islamistas. Tahar ben Jelloun, escritor marroqu?, ganador del Premio Goncourt, en relaci?n con la situaci?n actual, afirma: "es verdad que los ?rabes, que los musulmanes est?n a la b?squeda de un l?der"[32]. La recreaci?n en el integrismo de la umma como proyecto pol?tico comunitarista no ha resuelto, en ning?n caso, el problema ni la contradicci?n. Ha producido dictaduras como la sudanesa. Pero el misticismo islamista, pol?tico-religioso, alimenta las expectativas del surgimiento de un califa, un l?der carism?tico, se?or de la guerra, tras cuyo imaginario no es dif?cil percibir el sue?o iluminado de Osama ben Laden.




[1] Citado por Jos? Morales, El Islam, Ediciones Rialp, pp.22-23

[2] Juan Vernet, introducci?n a El Cor?n, Plaza y Jan?s, p. 11.

[3] Jos? Morales, El Islam, p. 24.

[4] Juan Vernet, p. 11.

[5] Juan Vernet, p. 12.

[6] Julio Vernet, op. cit. p. 17.

[7] El Cor?n, azora 2, 18

[8] Azora 3, 134-135

[9] Julio Vernet, p. 23

[10] Azora 8, 12

[11] Azora 8, 68

[12] Azora 9, 30

[13] Azora 8, 74

[14] Azora 8, 19

[15] Azora 9, 29

[16] Azora 16, 60

[17] Azora 2, 187

[18] Azora 2, 189

[19] Ibn Warraq, autor de Pourquoi je ne suis pas musulman, Editorial L?Age d?homme. Entrevista en Le Figaro Magazine, 6 de octubre de 2001.

[20] Jos? Morales, op. cit. p. 139

[21] Azora 8, 57

[22] Azora 6, 152

[23] Entrevista en Le Figaro Magazine, 6 de octubre de 2001

[24] Azora 6, 4-6

[25] Azora 2, 136-138

[26] V. S. Naipaul, Exigencias imperiales del islam, en ABC, 12-10-2001

[27] Azora 110, 1-2

[28] En Libertaddigital, 2 de octubre de 2001

[29] Amin Maalouf, Las cruzadas vistas por los ?rabes, Alianza Editorial, pp. 80-81

[30] Javier Hern?ndez Pacheco, En ?poca, n? 865, 14 de septiembre de 2001

[31] Gilles Kepel, La Jihad, Ediciones Pen?nsula, p. 453

[32] Entrevista en El Mundo, 14 de octubre de 2001

Publicado por Lanzas @ 11:54
Comentarios (0)  | Enviar
El Islam II

Imagen

LA VERDAD SE JUSTIFICA POR LA GUERRA

"La guerra ?seg?n explica Julio Vernet- constitu?a el ideal supremo de Mahoma, puesto que con ella iba a infligir a los incr?dulos mequ?es, por propia mano, el tormento con que reiteradamente les hab?a amenazado"[6]. Sin embargo, "sus partidarios se mostraban reacios a admitir la predicaci?n por medio de la espada" pues representaba "luchar contra hermanos". Mahoma reforz? su poder personal, haci?ndose jurar fidelidad, y el providencialismo. La desobediencia a sus mandatos lo es al propio Al?. As? en la azora II 212 se?ala "se os prescribe el combate, aunque os sea odioso"[7]. Primero sus seguidores desarrollan operaciones de estricto pillaje poniendo en riesgo el comercio de La Meca. Una operaci?n de castigo fue enfrentada por Mahoma consiguiendo la victoria de Badr, cuyo bot?n mejor? la posici?n de los musulmanes hasta entonces dependientes de la generosidad de los habitantes de Medina. "El alabado" present? el ?xito militar como una prueba del poder y la supremac?a de Al?. Tras ello pas? a eliminar disidencias atacando a los hip?critas y a los clanes jud?os. Al a?o siguiente, contra otro ej?rcito superior en n?mero, sufri? la derrota de Ohod. Desde el creciente providencialismo, la interpretaci?n se establece en una prueba de Dios, que premia a los constantes, en t?rminos de triunfo y aniquilaci?n[8]. "Estos d?as los hacemos suceder entre los hombres, a fin de que Dios sepa qui?nes creen y escoja, entre vosotros, testigos -?Dios no ama a los injustos!-, con el fin de probar a Dios a quienes creen y aniquilar a los infieles". Esta derrota dio alas a los descontentos en Medina, pero Mahoma cort? la rebeli?n ?expulsando a los jud?os- e intensific? las medidas diferenciadoras de sus seguidores estableciendo barreras de comunicaci?n con otras comunidades: prohibi? la bebida y el juego.

Como jefe pol?tico y militar demostr? una voluntad de poder y de dominio que no exist?a en sus adversarios, dispersos y divididos. Los comerciantes de La Meca se mostraron a favor de terminar con una guerra que s?lo les causaba perjuicios. Adem?s, el giro nacionalista de Mahoma les permit?a mantener su posici?n. Tuvo, sin embargo, que vencer en la batalla de Hunayn para ser el se?or de la Arabia central, pero no consigui? dominar la norte al ser derrotado en Muta. En esta etapa, cuando empez? a vislumbrar el triunfo, intensific? los elementos teocr?ticos, y estableci? la imposibilidad de pactos salvo entre iguales, o sea entre los creyentes, mientras que los miembros de las religiones del libro ?jud?os y musulmanes- pod?an ser tolerados en situaci?n de inferioridad con impuestos especiales.

En el a?o 10 tras la h?gira hizo la peregrinaci?n solemne a La Meca, present?ndose al tiempo como el profeta de una nueva religi?n para los ?rabes y "como restaurador de la religi?n de Abraham"[9]. En el a?o 11 diversas trib?s se sublevaron afirmando contar entre sus miembros a nuevos profetas. Preparando la campa?a de castigo muri? Mahoma de fiebres el 8 de junio de 632.

El lenguaje b?lico de El Cor?n es de inusitada violencia, establecida como voluntad de Al?. "Yo estoy con vosotros. ?Consolidad en sus puestos a quienes creen! Arrojar? el p?nico en el coraz?n de quienes no creen! ?Golpeadlos encima del cuello! ?Golpeadlos en la yema de los dedos!"[10]. Hay un ensa?amiento genocida: "No es propio de un Profeta tener prisioneros hasta que haya encubierto la tierra con los cad?veres de los incr?dulos" [11]. Hay con frecuencia una exaltaci?n de la venganza y escasos sentimientos humanitarios como cuando exclama "?Dios los mate!" con referencia expl?cita a los jud?os y los cristianos[12]. "?Profeta! ?Combate a los infieles y a los hip?critas! ?S? duro con ellos"[13]. Todo en una ambientaci?n de subido tono providencialista: "si ces?is en la lucha, ser? mejor para vosotros; si la reanudamos, la reanudaremos; no os servir? de nada vuestro n?mero aunque sea grande: Dios est? con los creyentes" [14].


EL EXTERMINIO O LA CONVERSI?N UNIVERSALES

El Antiguo Testamento est? lleno tambi?n de batallas y de intervenciones b?licas providencialistas con exterminio como contra los moabitas. Hay una diferencia en esa violencia divinal ?execrable en cualquiera de los casos-, pues en el caso hebreo est? relacionada con la tierra, con una promesa, restringida a un territorio, y como preservaci?n del pueblo elegido, pero en el caso de Mahoma est? relacionada con la fe. Apenas si contempla otra forma de conversi?n que a trav?s de la imposici?n violenta y se trata de un designio universal: "?Combatid a quienes no creen en Dios ni en el ?ltimo D?a ni prohiben lo que Dios y su enviado prohiben, a quienes no practican la religi?n de la verdad entre aquellos a quienes fue dado el Libro! Combatidlos hasta que paguen la capitaci?n personalmente y ellos est?n humillados"[15]. "No hay ciudad a la que nosotros no aniquilemos o atormentemos con terrible tormento antes del d?a de la Resurrecci?n. Eso est? en el Libro, escrito" [16]. La santificaci?n de la guerra, en el sentido com?nmente entendido, es un estado permanente.

?Sobre qu? sustenta Mahoma la autoridad de su posici?n religiosa? Sobre la violencia. La suya es una teolog?a de la guerra: es ?sta la que justifica en s? el mensaje y es, a la vez, lo fundamental de ?l. Al? es grande y Mahoma su profeta, porque dan la victoria final sobre los incr?dulos. Al contrario que los profetas anteriores, en cuya estela se sit?a como culminador, Mahoma no hizo milagros. De alguna manera asume los de sus predecesores, pero en su caso las pruebas de la fe son la espada y el libro.


AUTORITARISMO EXTREMO

Por supuesto el argumento fundamental es que se trata de una verdad revelada. El principio de la existencia de una revelaci?n se acompa?a con frecuencia del criterio de que esa verdad es manifiesta, de manera que la ausencia de reconocimiento ?la falta de fe, la incredulidad- constituye un pecado, una perversi?n, un yerro moral que con frecuencia es consecuencia de una depravaci?n de la conducta. A esa cuesti?n apunta la diferencia establecida por San Pablo entre el hombre viejo y el hombre nuevo, o la aseveraci?n de que el hombre carnal no puede conocer las verdades divinas. La consideraci?n de la incredulidad como una especie de ataque al contenido de la fe es habitual en las religiones, pues se considera que pone en cuesti?n el car?cter manifiesto, obvio, de la verdad en s?. Este argumento ha llevado con frecuencia a f?rmulas autoritarias por las que se trata de someter al incr?dulo o de eliminarlo, considerando que la unidad en la creencia confirma su veracidad. Ese fue uno de los resortes con los que funcion? durante siglos la Inquisici?n de la Iglesia cat?lica o en nombre del que se llevaron a cabo las guerras de religi?n europeas en los siglos XVI y XVII. Tambi?n ha sido el principio de persecuci?n de los disidentes en los pa?ses comunistas, considerando, por ejemplo, que quienes rechazaban el marxismo eran dementes, pues su verdad era manifiesta, una forma de revelaci?n secular, y a?n de mayor fuerza que las de las religiones, pues se trataba de una verdad cient?fica.

Sin embargo, a t?tulo de ejemplo, la apolog?tica cristiana establece tres pruebas en su favor, a modo de principios de contrastaci?n: milagros, profec?as y belleza moral del mensaje. Los milagros, como suspensiones moment?neas de las leyes de la naturaleza, manifiestan el poder divino y respaldan la revelaci?n. Son observados por testigos. En el mismo sentido funciona el cumplimiento de profec?as, de augurios establecidos sobre sucesos futuros. Estas pruebas, incluida la belleza moral del mensaje, buscan una armonizaci?n entre fe y raz?n. No resultan concluyentes para quien no tiene fe, pero implican, en su misma enumeraci?n, un respeto a la autonom?a de la racionalidad, un principio de tolerancia. Por supuesto, esa tolerancia se ha roto con frecuencia a lo largo de los siglos, pero el cristianismo, por muy diversas, curiosas y extravagantes que sean las costumbres de sus diversas corrientes y sectas, ha demostrado ser compatible con la tolerancia.


TEOCRACIA ABSOLUTA, SIN DIFERENCIA ENTRE FE Y RAZ?N

Esa diferencia entre fe y raz?n no existe en el texto can?nico isl?mico. Aunque El Cor?n abunda en dicotom?as excluyentes, sin zonas intermedias de neutralidad, casi todas ellas se basan precisamente en el hecho de que la ?nica raz?n posible es la fe. De forma po?tica y algo el?ptica el arabista franc?s Louis Massignon dec?a que al juda?smo le caracteriza la esperanza, al cristianismo la caridad y al islamismo la fe. La fe lo es todo. Entendida como obediencia. De hecho, no hay humanidad fuera de la fe. El no musulm?n no pertenece a la especie humana. "La idolatr?a es peor que el homicidio"[17]. "Matadlos hasta que la idolatr?a no exista y est? en su lugar la religi?n de Dios"[18]. La apolog?tica de Mahoma se basa en la violencia y en la belleza del Cor?n. Es una religi?n cuya coherencia es un autoritarismo circular, no deja resquicio para la tolerancia. Ibn Warraq describe bien este blindaje hacia la cr?tica que fundamente el totalitarismo isl?mico: "La verdad ha sido revelada de una vez por todas, imposible discutirla, relativizarla o incluso reflexionar sobre ella. El Cor?n se pretende eterno. Cada uno debe obedecer con cuerpo y alma, pues por el contrario las sanciones ser?n terribles. En estas condiciones, intentad exponer la menor iron?a, el menor esp?ritu cr?tico, la menor puesta en duda de orden hist?rico o filol?gico..."[19].

Mahoma y el Cor?n rechazan cualquier contrastaci?n. Por de pronto rechazan, contra la evidencia, cualquier historicidad. El libro santo del Islam no es obra de Mahoma, sino recopilaci?n posterior. Est? formado por ciento catorce azoras o cap?tulos, dividido en aleyas rimadas o vers?culos. Los cap?tulos est?n ordenados de mayor a menor n?mero de aleyas, sin orden cronol?gico. En vida de Mahoma los comentarios de sus revelaciones eran aprendidos de memoria por sus seguidores. Con el tiempo, la muerte de estos recitadores hizo ver la conveniencia de poner por escrito esos pensamientos. Esa labor fue encargada por el siguiente califa, Abu Bakr a Zayd b. Tabit. Se trata, pues de una recopilaci?n. En ese sentido resulta acumulativa. Incluso resulta piadoso el comentario de que "hay en el libro mucha palabra superflua, as? como innumerables reiteraciones"[20]. La historia de Mois?s est? contada m?s de cincuenta veces, sin variaciones resaltables. La de No?, veinticinco. Y eso sucede con numerosos sucesos del antiguo y del nuevo testamento. La eliminaci?n de las reiteraciones reducir?a de manera sensible el Cor?n. La regulaci?n de la vida de los musulmanes es incoada, pero sobre todo se encuentra en los hadiz o dichos, por los que mediante la f?rmula alguien dijo que hab?a escuchado al Profeta se concreta un contenido que en el Cor?n es vago. De hecho, la sharia, el c?digo penal isl?mico, principal reivindicaci?n integrista, vigente en numerosos pa?ses, no se encuentra en el Cor?n sino en tales comentarios recopilados por generaciones posteriores.


LA TOLERANCIA, EL PEOR PECADO

La tradici?n musulmana con base en el propio Cor?n ha deificado el libro situ?ndolo como la copia del que se encuentra en el para?so. Es decir, mientras juda?smo y cristianismo consideran sus libros inspirados, a trav?s de autores humanos, causas segundas, la autor?a del Cor?n se establece directamente divina. Con estos precedentes, es de todo punto l?gico que el texto cor?nico resulte obsesivo respecto a la incredulidad. Como si se sintiera amenazado sobre bases d?biles, toda disidencia pone en riesgo a la verdad manifiesta y al edificio de los creyentes. Ese sentido de la verdad manifiesta, s?lo negable por una depravaci?n moral, est? llevada hasta el extremo: "Las peores bestias, ante Dios, son los infieles"[21]. Negada la racionalidad de los discrepantes, la verdad resulta incuestionable. Conviene precisar que, seg?n ese esquema, los preceptos morales isl?micos quedan reducidos a los l?mites de los creyentes. Por ejemplo, por supuesto la vida es sagrada, como en las otras religiones monote?stas. As?: "no matar?is a una persona si no es como justicia. Dios os lo ha prohibido"[22], pero bien entendido que s?lo es persona el creyente y s?lo hay vida en la fe.

El Cor?n muestra una constante obsesi?n de Mahoma por no ser cre?do, e incluso un intenso resquemor por ser ridiculizado. En estos puntos es muy expl?cito. Son frecuentes las referencias a quienes le acusan de hacerse eco "de leyendas de los antiguos" o de "haber recibido la revelaci?n de un mortal". Esa obsesi?n va pareja al odio contra los incr?dulos y un insano deseo de venganza. Las referencias ofrecen, de esa forma, verosimilitud al mensaje de cara a los creyentes, pues resultan la explicitaci?n de una conjura o de una mentalidad conspirativa. Esto es frecuente en la idea de la verdad manifiesta, pues la increencia es el fruto de una maldad cong?nita. Quienes no creen no son, en ning?n caso, neutrales, sino que se oponen a la fe y conspiran contra ella. La justificaci?n de la fe en Mahoma es la guerra, la eliminaci?n del infiel o el imp?o, pues s?lo de esa forma puede ponerse fin a tal conspiraci?n. Si todos creen, la verdad es, en sentido pleno, manifiesta. La ausencia de todo disidente es, de hecho, la parus?a isl?mica, cumplida por el Madihd, personaje que vendr? al final de los tiempos, y que algunos musulmanes especulan con que ser? Jes?s, conjuntando de esa forma la profec?a evang?lica del segundo advenimiento.

Conviene precisar que tal grado de autoritarismo se compagina con una teolog?a sencilla de cuerpo doctrinal escaso. La unicidad de Dios es pr?cticamente el ?nico dogma. Es una reafirmaci?n del monote?smo hebraico. No hay novedad, ni creatividad religiosa, tampoco en las postrimer?as, bien expl?citas en el cristianismo, salvo en la descripci?n de un para?so sensual, con jardines recorridos por r?os subterr?neos, donde son l?citos algunos placeres prohibidos en la tierra, como licores que no embriagan, y donde hay mujeres de ojos rasgados, v?rgenes, no tocadas por hombres ni demonio. En el Cor?n en s? no queda claro si las mujeres se salvan, pues las hur?es parecen fruto de una creaci?n ulterior no bien explicada.

Aunque los polite?stas son blanco de las iras, y si bien el Cor?n ni contempla ni se plantea la increencia agn?stica o el ate?smo, el pecado mayor es la apostas?a. L?gico desde el autoritarismo extremo de la verdad manifiesta en el que se sit?a Mahoma. No tanto, como suelen decir algunos de sus seguidores, porque rompa la fortaleza interna (la solidaridad se dir?a ahora) de la umma, sino porque rechaza la verdad. ?sta es tan manifiesta que despu?s de haberse sostenido el da?o producido por la negaci?n s?lo puede resolverse con la muerte. Aunque para cualquiera de los imp?os (la impiedad es sin?nimo de incredulidad) las penas del infierno ser?n dolorosas, la apostas?a ha de ser perseguida con preferencia mediante el ajusticiamiento o asesinato del ap?stata. Algunos escritores e intelectuales de naciones musulmanas conocen bien los efectos pr?cticos de este designio en nuestros d?as. Ese fue el sentido de la fatwa contra Salman Rhusdie o la persecuci?n de la escritora pakistan? Taslima Nasrin. Como resalta Ibn Warraq, "el problema de la ley divina es que excluye toda aproximaci?n serena y racional. Donde la sharia encuentra su aplicaci?n, sea donde sea, dos grupos son sistem?ticamente las v?ctimas: las mujeres y los no musulmanes. Estos ?ltimos son considerados como inferiores y los ap?statas merecedores de la muerte"[23].

La idea de tolerancia es por completo extra?a al Cor?n. Es, de hecho, su negaci?n. Un pecado. "No hay tolerancia isl?mica: cuando el Islam ha crecido lo ha hecho a trav?s de la espada, destruyendo la cristiandad en Oriente o la cultura persa secular, no dejando del pasado otra cosa que ruinas". Ese es el sentido de la destrucci?n de los Budas de Bamiyan por la tiran?a talib?n. ?No hay tolerancia, como se repite en abundancia, hacia las religiones del Libro, hacia jud?os y cristianos? No, salvo que se entienda por tal la obligaci?n de llevar vestimentas distintas, de pagar impuestos especiales y de no poder tener bajo su mando a musulmanes. Esas medidas tratan de resaltar la superioridad del creyente y forzar la conversi?n, pero en cualquier caso est?n justificadas porque la verdad es manifiesta, y por ende los infieles han de ser infelices y tener un status inferior.

Mahoma trata m?s de vencer que de convencer. La suya es una teolog?a de la guerra. Pues la verdad es manifiesta, debe imponerse. Pues la verdad es manifiesta, la existencia de una sola persona que la niegue representa la negaci?n absoluta de su contenido. La eliminaci?n de los infieles por los creyentes est? presente de continuo en el Cor?n. La venganza es una virtud, de la que participa Dios: "Han considerado falsa la verdad cuando ?sta les ha venido; les vendr?n noticias de lo que se han burlado. ?No han visto a cu?ntas generaciones hemos aniquilado antes que a ellos?"[24]. La tolerancia contradice el principio musulm?n y su finalidad.

La argumentaci?n, en ese sentido, es circular, cerrada. El Cor?n no acepta la cr?tica, porque niega la posibilidad de yerro, incluso cuando cae en contradicci?n. Contradicciones pr?cticas como el cambio de la alquibla cuando de la orientaci?n hacia Jerusal?n se pas? a La Meca. La explicaci?n es meramente voluntarista y se remite a Dios: "Dir?n los insensatos: ?Qu? les hizo girarse respecto de su alquibla, aquella que ten?an? Responde: Oriente y Occidente pertenecen a Dios; ?l gu?a a quien quiere hacia el buen camino (...) Fue grande la perplejidad excepto para aquellos a quienes Dios gu?a, pues ?l no os har?a perder vuestra fe"[25]. Las contradicciones entre las propias aleyas del Cor?n es resuelta mediante la ley del abrogante y el abrogado, de forma que la ?ltima aleya tiene validez sobre la anterior. Hay una contradicci?n esencial. En principio Mahoma predica una religi?n nacional para un pueblo elegido, los ?rabes. Como se?ala V.S. Naipaul, premio nobel de Literatura 2001, "en sus or?genes, el islam es una religi?n ?rabe. Cualquiera no ?rabe que sea musulm?n es un converso. El islam no es simplemente una cuesti?n de conciencia o de creencias, pues tiene exigencias imperiales. Cambia la visi?n del mundo del converso. Sus lugares sagrados est?n en tierras ?rabes; su lengua sagrada es el ?rabe. La idea sobre la historia cambia tambi?n para el converso. Rechaza la suya, y le guste o no, pasa a formar parte de la historia ?rabe. Las sociedades experimentan un enorme trastorno, que puede seguir sin resolverse incluso al cabo de mil a?os; la separaci?n tiene que renovarse una y otra vez. Las personas construyen fantas?as sobre qui?nes y qu? son, y en el islam de los pa?ses conversos existe un elemento de neurosis y nihilismo. Estos pa?ses pueden entrar en ebullici?n f?cilmente"[26]. Y, sin embargo, esta esencia ?rabe se hace compatible con el principio universalista de los hanif, los hijos de Abraham, por el que todos los seres humanos nacen musulmanes, pero son luego educados como infieles. Esto, en el fondo, implica un principio larvado de apostas?a y justifica el designio de dominio completo.

Publicado por Lanzas @ 11:50
Comentarios (0)  | Enviar
El Islam I

Imagen


Conozcamos de qu? hablamos:
MAHOMA, CAUDILLO MILITAR

Mahoma fue al tiempo un l?der espiritual y un caudillo militar. Bajo su mandato, los islamitas fueron perseguidos y perseguidores. De forma similar al pueblo hebreo en su ?xodo y su toma de posesi?n de la tierra prometida, los islamitas combatieron y se impusieron sobre sus adversarios por las armas. Ese ambiente b?lico, de violencia y propaganda, impregna el Cor?n.

Exiten sobre Mahoma prolijas biograf?as en donde se rese?an sus hechos m?s notables y sus cualidades de estadista, pues en la ?ltima etapa de su vida fue b?sicamente un organizador. Dot? a las tribus de la pen?nsula ar?biga de una f?rrea unidad y una misi?n, que se tradujo a las pocas d?cadas de su muerte en una impresionante expansi?n por Asia y ?frica del Norte hasta la pen?nsula ib?rica. Mahoma, "el alabado", naci? alrededor del a?o 580. Hu?rfano desde joven, cas? con la rica Jadicha, que lo doblaba en edad y a quien ayud? en la administraci?n comercial de sus bienes. Del matrimonio nacieron cuatro hijas y varios hijos varones, muertos a corta edad. A Mahoma no le sobrevivi? ning?n hijo var?n de sus quince mujeres, como rese?a El Cor?n. La actual Arabia Saud? era entonces una fragmentada colecci?n de tribus ??l pertenec?a a los hachemitas, un clan prestigioso, pero de poder reducido-, con religiones polite?stas relacionadas con cada clan, con centro religioso y comercial en La Meca, donde se veneraba la Kaaba, una piedra negra a la que se supone un aerolito, rodeada de ?dolos de las numerosas divinidades adoradas por los beduinos. Conviv?an tambi?n comunidades de dos religiones monote?stas, la hebrea y la cristiana, y hab?a seguidores de credos asi?ticos como el de Zoroastro.

Fue en el a?o 610 cuando recibi? su primera revelaci?n en el monte Hira. Seg?n Tabari, historiador musulm?n (839-923), comunic? a su mujer "Oh Kadija, temo volverme loco. ?Por qu??, pregunt? ella. Porque veo en m? los signos de un pose?do: cuando camino oigo voces que vienen de cada piedra y de cada colina, y por la noche veo en sue?os un ser enorme que se presenta ante m?, un ser cuya cabeza alcanza al cielo y cuyos pies tocan la tierra". Un lunes se le apareci? un ?ngel de Dios, Gabriel. "Se present? ante ?l y le dijo: ?La bendici?n sea contigo, oh Mahoma, ap?stol de Dios! Mahoma se asust? y se puso de pie pensando que hab?a perdido el juicio. Se dirigi? hacia la cumbre para matarse arroj?ndose desde lo m?s alto. Pero Gabriel le tom? entre sus alas, de modo que no pod?a avanzar ni retroceder. Y entonces le dijo: ?Oh Mahoma, no temas, porque t? eres el profeta de Dios, y yo soy Gabriel, el ?ngel de Dios!. Mahoma permaneci? inm?vil entre las dos alas, y Gabriel continu?: ?Oh, Mahoma recita: en nombre de tu Se?or, que ha creado todo, que ha creado el hombre a partir de un co?gulo de sangre!". Gabriel le entreg? la primera sura del Cor?n, denominada Iqra, el credo musulm?n: "La alabanza a Dios, Se?or de los mundos. El Clemente, el Misericordioso, Rey del D?a del Juicio. A ti adoramos y a ti pedimos ayuda. Cond?cenos al camino recto, camino de aquellos a quienes has favorecido, que no son objeto de tu enojo y no son los extraviados".

"Mahoma descendi? de la monta?a. Fue invadido de un fuerte temblor y volvi? a casa, repiti?ndose a s? mismo las palabras del ?ngel. Estas le daban confianza, pero temblaba con todo el cuerpo debido al temor y al terror que le hab?a inspirado Gabriel. Ya en la casa dijo a su mujer: el mismo que se me hab?a aparecido de lejos se me ha presentado hoy delante. ?Qu? te ha dicho?, le pregunt? Jadicha. Me ha dicho: T? eres el profeta de Dios y yo soy Gabriel, y me ha recitado esta sura. Jadicha, que hab?a le?do viejas escrituras y conoc?a historias de profetas, sab?a tambi?n el nombre de Gabriel. Mahoma fue dominado acto seguido por un agudo fr?o, inclin? la cabeza y dijo a su mujer: ?C?breme, c?breme!. Ella le cubri? con un manto, y ?l se durmi?"[1].

El Cor?n pr?cticamente no da detalles de las revelaciones de Mahoma, luego enriquecidas literariamente por sus seguidores. Con frecuencia se trataba de locuciones intelectuales dif?ciles de determinar, acompa?adas por fen?menos f?sicos descritos por la tradici?n: palidec?a, su frente se llenaba de sudor y entraba en un estado de semiinconsciencia. A veces ca?a en tierra, como fulminado de una irrupci?n que no se juzgar?a natural. "Para Te?fano todos estos s?ntomas no eran m?s que el reflejo externo de un ataque de epilepsia"[2]. "Quienes consideran los hechos desde fuera de la tradici?n musulmana mantienen, como es de esperar, una postura esc?ptica sobre el origen ?ltimo de las iluminaciones experimentadas por Mahoma. Ha habido autores que las han atribuido a un psiquismo patol?gico, pero de gran brillantez y originalidad. Otros han hablado de alucinaciones, mientras que algunos piensan que estamos ante una mente que no consigue siempre distinguir entre lo imaginario y lo real"[3]. En cualquier caso, Mahoma siempre crey? con gran fuerza en su misi?n y en la veracidad de los mensajes.

En un primer momento, "no quiere crear una nueva religi?n"[4], sino lanzar un mensaje monote?sta, llamando a pedir perd?n por los pecados mediante letan?as cristianohebreas, denunciando algunas pr?cticas aberrantes como el asesinato de ni?as reci?n nacidas. Todo ello para volver a la antigua pureza del hombre piadoso o h?nif, cuyo primer representante es el profeta Abraham. Los primeros seguidores en su c?rculo familiar pronto fueron objeto de amenazas, ridiculizaciones y persecuciones. Mahoma lleg? a temer por su vida, volvi?ndose a la intercesi?n de algunos ?dolos, de lo que pronto se arrepinti?, no volvi?ndose a separar del monote?smo. La muerte de su esposa y de su protector Abu Talib, le sumi? en una situaci?n de desaliento de la que sali? tras "la visi?n del viaje nocturno", que la tradici?n musulmana sit?a en Jerusal?n.

En medio del fracaso de su predicaci?n, fue reclamado por los habitantes de Medina "para que fuese a vivir entre ellos como ?rbitro supremo de las tribus de Aws y Jazrach, divididas por viejas rivalidades que dos a?os antes hab?an conducido a la guerra"[5]. Su posici?n monote?sta le hac?a tambi?n un interlocutor respecto a importantes clanes jud?os como los Banu Qurayza, Qaynuqa y Nadir. Esto marca un cambio radical en Mahoma, de predicador religioso a figura pol?tica. Seg?n Vernet, "Mahoma, que hasta entonces jam?s hab?a pensado que su doctrina pudiera te?irse de un matiz pol?tico cualquiera, cambi? de opini?n ante la contumacia de sus compatriotas". La huida o h?gira de La Meca, con alrededor de ciento cincuenta seguidores, a Madinat al-nab? (la ciudad del profeta) se produjo el 16 de julio del a?o 622, donde se sit?a el origen del calendario musulm?n.

La introducci?n en la pol?tica de Mahoma dio un giro importante en su mensaje y en sus revelaciones, pues estas no s?lo se refieren a aspectos religiosos sino tambi?n a la justificaci?n de las decisiones como dirigente pol?tico y como jefe militar. Primero sigue una estrategia conciliadora. Fue aceptado por las diversas facciones, aunque con reservas por los que denominar? hip?critas. Busc? el acercamiento a los jud?os. Para ello situ? como d?a de ayuno de sus seguidores el mismo que el del yom kippur o de la purificaci?n hebraico y prescribi? la orientaci?n en las oraciones hacia Jerusal?n, aunque mantuvo la oraci?n p?blica el viernes. Pero entraron en una intensa pol?mica. Mahoma siempre tuvo un conocimiento de segunda mano de la Biblia y no fue aceptado como profeta. La disputa deriv? en un odium theologicum, una de las formas hist?ricamente m?s intensas de repulsa.

Mahoma culp? a los jud?os de haber suprimido fragmentos de las escrituras y haber a?adido otros. Por otra parte, esta serie de di?logos hab?an dado lugar a formas sincretistas de religiosidad. Procedi? a incrementar la diferenciaci?n y a reforzar su poder. En el plano religioso tom? decisiones fundamentales. Intensific? el car?cter nacional de su mensaje. pol?tico. Sustituye el ayuno de la asur? (yom kippur) por el del mes de ramad?n. Las oraciones pasaron a orientarse hacia La Meca, considerada ciudad sagrada, cuyo santuario ?supuestamente fundado por Abraham y su hijo Ismael- deb?a ser purificado de los dioses id?latras, pero hab?a de ser objeto de peregrinaci?n de los musulmanes. Rompi?, de esa forma, uno de los motivos de oposici?n a su mensaje, pues los comerciantes de La Meca ve?an en peligro su influencia y su fuente de ingresos. Al tiempo marc? un objetivo pol?tico: la comunidad de creyentes o umma pasa a ser ej?rcito. Mahoma se present? desde entonces como el ?ltimo Profeta, tras Mois?s y Jes?s, y al tiempo resalt? una relaci?n directa con Abraham, que no fue "ni id?latra, ni jud?o, ni cristiano".

Publicado por Lanzas @ 11:44  | COMENTARIOS
Comentarios (0)  | Enviar